viernes, 17 de marzo de 2017

Callos con garbanzos

Antes de que venga el calor, que ya estamos a las puertas de la primavera, os traigo un plato de cuchara, de esos que apetecen cuando hace frío, aunque aquí en Galicia tienen tal aceptación, que en los bares los ponen de tapa durante todo el año. La mayoría los ponen los domingos, o algún día especial. En mi tierra por ejemplo, se celebra un mercadillo todos los miércoles, y en casi todos los bares de la zona ponen ese día una tapa de callos con garbanzos
Este es un plato que me trae muchos recuerdos de la infancia, de cuando los preparaba mi madre para los días de fiesta, porque era un plato que no se consumía un día de diario, sino con motivo de alguna celebración. Éstos de la foto los hice hace un par de semanas, un sábado que vinieron a comer a casa unos primos, y como ya hacía tiempo que no los preparaba les tocó el turno ese día, además tenía una bolsa de garbanzos ecológicos de la localidad zamorana de Fuentesaúco, que había traído de un viaje por esas tierras y estaba próxima a caducar, lo cual ayudó bastante a decantarme por este plato y no otro, y la verdad es que me encantó el resultado. Son unos garbanzos que no se deshacen con la cocción, y además tienen una textura suave y mantecosa muy agradable al paladar. Sin duda, después de probar éstos no compraré otros. Os los recomiendo totalmente.
Siento que la foto no le haga justicia al plato, porque estaban muy ricos, pero cuando saqué la foto ya estaba anocheciendo, y la calidad de la imagen no es buena, de todos modos lo que importa es la receta para que si os animáis podáis preparar en casa este delicioso plato típico de la gastronomía gallega. Para ello necesitáis los siguientes
Ingredientes:
-1kg de garbanzos
-1kg de callos
-1kg de pata de ternera
-2 patas de cerdo saladas
-2 chorizos
-1 trozo de panceta curada en el punto de sal
-1 cebolla
-3 dientes de ajo
-zumo de 1 limón
-cominos
-azafrán
-pimentón dulce
-pimentón picante
-sal
-aceite de oliva
-pan rallado
Preparación:
En primer lugar cuando vayáis a la carnicería, pedidle al carnicero que os trocee las patas de cerdo y la de ternera. Luego ya en casa con una cuchilla de afeitar que no haya sido usada, le sacáis restos de pelos que puedan traer, algo que por otro lado ocurre con frecuencia, y luego es muy desagradable encontrarse en el plato trozos de carne con pelos, y obviamente optar por desecharlos es una pena porque es una carne muy rica, tanto la pata de cerdo como la de ternera, además no la regalan, hay que pagarla :)
Luego la noche anterior dejamos los garbanzos a remojo en un recipiente con abundante agua. Y las patas de cerdo en otro recipiente también con agua para que se desalen. Por su parte los callos primero los troceamos y luego junto con la pata de ternera , los lavamos bien bajo el grifo y los dejamos asimismo cubiertos de agua en la olla en la cual los vamos a cocinar, y le añadimos el zumo de 1 limón.
Al día siguiente por la mañana, escurrimos el agua a la olla que contiene los callos y la pata de ternera, añadimos a esa olla las patas de cerdo que dejamos a desalar el día anterior, cubrimos todo de agua (solamente con que cubra es suficiente, no pongáis agua en exceso, en todo caso es mejor luego añadirle si hiciese falta), añadimos también una cebolla cortada por la mitad, 1 cucharada sopera de cominos, y unas hebras de azafrán, y ponemos al fuego. Cuando levante el hervor, bajamos la intensidad del fuego, y dejamos que se vaya cociendo la carne a fuego medio durante 90 minutos, Transcurrido ese tiempo, añadimos los garbanzos que teníamos a remojo bien escurridos, la panceta cortada en trozos, y los chorizos cortados en rodajas, y subimos el fuego hasta que levante de nuevo el hervor, después volvemos a bajar el fuego de intensidad y seguimos con la cocción otros 90 minutos aproximadamente.
Un poco antes ponemos una sartén pequeña al fuego, cubrimos la base con un buen aceite de oliva virgen extra, y añadimos los ajos cortados por la mitad. Cuando los ajos estén dorados, retiramos la sartén del fuego, sacamos los ajos y los desechamos, porque no los necesitamos para nada, solo los utilizamos para aromatizar el aceite, y añadimos una cucharada sopera de pimentón dulce al aceite de la sartén y una cucharadita de las del café de pimentón picante, mezclamos bien y ponemos de nuevo al fuego, añadimos dos cucharones del líquido de la cocción de los garbanzos (el equivalente a un vaso) y una cucharada sopera de pan rallado, removemos todo bien, y echamos el contenido de la sartén a la olla, mezclando bien todos los ingredientes con una espátula de madera. Probamos de sal y rectificamos si fuera necesario, miramos también si tanto la carne como los garbanzos están cocidos, y si es así, apagamos el fuego y dejamos reposar al menos 30 minutos antes de servir para que se asienten los sabores, y si fuera el caso de que todavía no estuvieran cocidos continuamos con la cocción unos minutos más.
Bueno, pues así es como hago yo los callos con garbanzos, un plato muy típico en Galicia, que como veis es muy fácil de preparar, solo se necesita tiempo, pero no es nada laborioso, de manera que los que nunca los habéis probado, os animo a que los preparéis, ya veréis como os van a encantar. 
por hoy me despido. Nos vemos en unos días. Besos

lunes, 13 de marzo de 2017

Buñuelos de calabaza

Estamos casi a mediados de marzo, la primavera ya está a la vuelta de la esquina, y los valencianos están ya inmersos en sus fiestas, con su mascletà diaria que tiene lugar todos los días desde el 1 al 19 de marzo, día en que concluyen los actos festivos con la cremá de los monumentos falleros.
Desde el punto de vista gastronómico, si con algo asociamos la fiesta de las fallas valencianas es con los bunyols de carabassa (buñuelos de calabaza). Lo típico es acompañarlos de un buen tazón de chocolate caliente, aunque solos están igual de ricos, tanto que es imposible comer solo uno y parar.
En Valencia, los buñuelos de calabaza no solo los encontraréis durante las fiestas de las fallas, sino que hay establecimientos, denominados buñolerías, que los preparan a lo largo de todo el año.
Si os apetece probar esta delicia sin necesidad de tener que viajar a Valencia, os dejo la receta a continuación, para que la hagáis en vuestra casa, pues no tiene la más mínima dificultad.
En mi caso he utilizado una rosquillera de plástico (os la muestro en la foto, la mía es de la marca Ibili), porque estos buñuelos llevan un agujero en el centro, que las personas que tienen práctica lo realizan con las manos, cogiendo un poco de masa con la mano izquierda, luego aprietan el puño, y el montículo de masa que asoma, lo recogen con la otra mano previamente mojada en agua, y luego presionando el dedo índice contra el pulgar, realizan el agujero y acto seguido dejan caer el buñuelo en el aceite. Así explicado parece muy complicado, pero si vierais con qué rapidez lo hacen pareciera que estas personas están dotadas de un don innato. Realmente solo es cuestión de práctica, pero como yo no la tengo, y además no me gusta nada la idea de embadurnarme las manos, utilizo la rosquillera, así aparte de no ensuciar las manos, queda un agujero perfecto y similar en todos los buñuelos, además sin ningún esfuerzo.
Paso ya a detallaros lo que necesitáis para hacer estos deliciosos buñuelos
Ingredientes:
-400gr de puré de calabaza asada
-25gr de levadura fresca de panadería
-325gr de harina de trigo
-100gr de leche entera
-1 pizca de sal (muy poca)
-aceite de girasol para freír ( sirve de oliva suave)
-azúcar para espolvorear por encima
Preparación:
En primer lugar hay que asar la calabaza. En esta ocasión he utilizado una calabaza cacahuete (cucurbita moschata) y primero la lavé bien bajo el grifo de agua fría, la sequé con papel de cocina, y luego la corté en rodajas un poco gruesas y las puse en la bandeja del horno, que previamente había calentado a 180º con calor arriba y abajo, y dejé que se asara por espacio de una hora aproximadamente. Cuando vi que ya estaba asada, la retiré a una fuente, y una vez fría le saqué la cáscara y las semillas, y recogí la pulpa, la cual reduje a puré y aparté 400gr que es la cantidad que necesitaba.
Una vez asada la calabaza el siguiente paso es preparar la masa de los buñuelos, para ello templamos la leche (ojo, tiene que estar tibia, no sirve caliente) y diluimos en ella la levadura.
Aparte en un bol grade mezclamos la harina, añadimos el puré de calabaza, y la levadura diluida en la leche, agregamos una pica de sal, y amasamos hasta que obtengamos una mezcla homogénea. El resultado será una masa de color anaranjado, y de poca consistencia. Dicho en otras palabras, os quedará una masa imposible de manejar con las manos, pero no os preocupéis, es así como tiene que quedar. Cuando estén bien mezclados todos los ingredientes, tapamos el bol con un paño de cocina, y lo dejamos reposar en un lugar templado, alejado de corrientes de aire, hasta que doble el volumen.
Una vez que la masa ha levado, ponemos al fuego una sartén honda, echamos abundante aceite en ella, y mientras se va calentando llenamos de masa la rosquillera. Cuando veamos que el aceite está bien caliente pero sin llegar a humear, vamos echando los buñuelos, dorándolos primero por un lado y luego por el otro, y luego los retiramos a un plato sobre papel absorbente, y cuando hayamos terminado con todos, los rebozamos en azúcar y los pasamos a una fuente de servir.
Recién hechos y con un chocolate caliente como acompañamiento están verdaderamente deliciosos, luego con el paso de las horas, ocurre como con todas las masas que llevan levadura fresca, que pierden bastante, pero es difícil que eso ocurra porque con lo ricos que están casi siempre dejan el plato limpio ;)
Nada más por hoy, a los que sois de Valencia desearos que disfrutéis mucho de las fiestas, y los demás, os animo a que probéis a hacer estos ricos buñuelos en casa, veréis cómo os van a encantar.
Y por hoy termino, nos vemos en unos días. Os espero!!!

viernes, 3 de marzo de 2017

Arroz con leche

Los que me conocéis ya sabéis que me gusta mucho la cocina tradicional, así que la receta de hoy no hace falta que os diga que es de mis favoritas.
Cuando como fuera de casa y llega la hora de los postres, si hay arroz con leche es raro que no lo elija, porque sé que a mal que esté siempre me va a gustar...,bueno para ser exactos casi siempre, porque en una ocasión me lo sirvieron caliente, y así como que no, jeje… Esto me ocurrió el año pasado en Asturias, pero afortunadamente no todo ha sido negativo en este aspecto, porque en este mismo viaje por tierras asturianas he tomado el mejor arroz con leche que había probado nunca hasta entonces. La gran diferencia respecto al que yo conocía, es que llevaba azúcar caramelizado por encima como si se tratase de una crema catalana, y sinceramente le sienta de maravilla. Bien fresquito, y con esa capa de caramelo crujiente en la superficie es una pura delicia.
De vuelta a casa tras ese viaje, investigué un poco por internet, y me he enterado que en Asturias es típico que lo sirvan así. Además le añaden algo de mantequilla y en algunos casos un poco de anís. Yo lo hice así la primera vez y aunque me gustó el resultado, prefiero el arroz con leche que conocía de siempre, con la salvedad de que ahora a algunos cuencos le caramelizo la superficie, y a otros les espolvoreo canela molida por encima como hacía antes, así probamos las dos versiones.
Si os animáis a prepararlo en casa necesitáis los siguientes
Ingredientes:
-1 litro de leche entera
-110gr de arroz (mejor arroz bomba)
-cáscara de un limón
-1 rama de canela
-3 cucharadas de azúcar blanco
Para decorar
-canela molida
-azúcar moreno
Preparación:
Lo primero es lavar concienzudamente el limón bajo el grifo del agua fría, para eliminar cualquier posible resto de pesticida. Luego en un cazo vertemos un litro de leche, añadimos la rama de canela y la cáscara de limón, procurando que no lleve nada de la parte blanca, porque le daría un gusto amargo.
Cuando levante el hervor lo apartamos del fuego y dejamos en infusión durante unos 15 minutos.
Seguidamente colamos la leche para otro recipiente para retirar la corteza de limón y la canela en rama, y lo ponemos de nuevo al fuego (si vais a utilizar el mismo cazo con el que se hirvió la leche anteriormente, que no se os olvide lavarlo primero, sino la leche se pegará a las paredes y la base del recipiente, llegando incluso a quemarse, con el riesgo que eso supone, pues echaría todo a perder).
Cuando comience nuevamente a hervir, echamos el arroz, removemos bien y bajamos el fuego al mínimo, y dejamos cocer por espacio de una hora, removiendo a cada rato. Cuando haya pasado la hora de cocción, el arroz ya tendrá un aspecto cremoso, es el momento de añadirle las 3 cucharadas de azúcar blanco (es una cantidad aproximada, podéis añadirle más o menos, según gustos), removéis bien, y retiráis del fuego.
Una vez que esté frío se vierte en cuencos individuales y los guardamos en el frigorífico hasta el momento de servir. (Os recomiendo que selléis los cuencos con papel film, para evitar que cojan olores de otros alimentos que haya en la nevera, y podáis luego disfrutar de un bocado sublime)
Cuando sea el momento de servir a la mesa, tenéis dos posibilidades: o bien le espolvoreáis canela molida por encima (versión tradicional), o bien esparcimos azúcar moreno sobre la superficie y lo quemamos con un soplete de cocina (versión asturiana)
De cualquiera de las formas está rico, pero si nunca habéis probado a caramelizar la superficie os recomiendo absolutamente que lo hagáis, os va a encantar seguro.
Nada más por hoy, nos vemos en unos días con nueva receta y nuevas anécdotas. Os espero!!!